Todo esto, lo hacemos desde una perspectiva naturista, es decir, no desde el ataque a enfermedades, campo exclusivamente médico, sino desde el refuerzo de la propia naturaleza para que sea el organismo (holístico, psicosomático e íntegro) quien nos lleve a nuestro máximo punto de bienestar y potencia.
No podemos pretender tener las mismas herramientas con 18 que con 81; ambas cifras contienen el 1 y el 8 pero no es lo mismo. Cada edad, depende de sus vivencias, sus desgastes, sus excesos o su falta de ellos. Somos la evolución orgánica de un patrón que comenzó en el vientre materno pero que ha evolucionado con lo que hemos vivido y, por lo tanto, necesita apoyos en áreas diferentes en función de lo desgastado. Y, de cara a los pequeños que nos rodean, es importante aprender esto para tener una visión de conjunto, entender y practicar hábitos que refuercen la salud, para que los niños aprendan del ejemplo, no de las palabras. Por eso, es importante pensar menos, coger una sola idea y llevarla hasta el final.
¿Por dónde empezamos?
Lo primero para entender nuestro cuerpo, es dejar de pensar que es nuestro enemigo: no trata de enfermarnos, no busca limitarnos, su objetivo no es hundirnos. Toda su pretensión es mucho más simple: sobrevivir. El cerebro reptilesco, el cerebro de la supervivencia, es prioritario en el cuerpo y, de esta forma, busca llamar nuestra atención cuando se ve amenazado en cualquiera de sus facetas ya que no es sólo una sucesión de células (al menos no desde la naturopatía), sino que tiene vida gracias también a lo que pensamos, a lo que nos emociona, a lo que reaccionamos… Todas estas sumas son lo que llamamos organismo en las técnicas naturales. Y el organismo, como cualquier ser vivo, busca la supervivencia aunque sea a través de limitarnos (por ejemplo de forma locomotora cuando hay riesgo de lesionar si continuamos con el movimiento.. y somos tan listos de darle un analgésico para poder seguir haciendo lo que nos daña), de enfermarnos (dejando que un virus o una bacteria se adueñe de la parte del cuerpo correspondiente y que nos está avisando del desarreglo de ph o de impulsos o de toxicidad de la zona entre un mayor espectro de posibilidades; a la cual matamos con un antibiótico mientras que lo que le ha permitido crecer sigue campando a sus anchas). O, a veces, simplemente nos hunde: física, emocional o mentalmente, para que cambiemos la dirección de actuación... mientras se nos ocurre taparlo a golpe de pastillazo.Y con esto no queremos decir que no hay que hacerlo (no es cuestión de ponerse en plan masoquista, esas herramientas están para usarlas), sino que no debemos olvidarnos del por qué estaba avisando y del cómo solucionar realmente su proceso.
Así que, el primer paso, es tan fácil como observarnos y quitar de encima la opinión generalizada, ya que no todos somos iguales y no nos sienta lo mismo a todos. Hay gente muy fan del deporte. La idea general es que el deporte es bueno; pero no siempre es así: en ocasiones puede perjudicar más que ayudar. Podemos tener al lado a personas que, aparentemente, han pasado por lo mismo que nosotros. Pero el mismo proceso no requiere siempre la misma actuación. Es por eso que podemos necesitar remedios y recomendaciones totalmente distintas.
Pongamos el ejemplo de dos hermanos, uno cojo y otro manco. Por mucho que sean hermanos, no se les puede exigir lo mismo: al manco le puedo exigir que gane una carrera y al cojo que escriba al ordenador más rápido que otros. Eso es básico en técnicas naturistas. Miramos el iris, hacemos reflexología, medimos pulsos profundos en ayurveda, definimos la morfología y la fisionomía, observamos cadencias… cada uno con su técnica de valoración, busca en qué está manca o coja la persona que tenemos delante y no la tratamos igual ni le ponemos el mismo rasero que a los demás. Y esto es algo que podemos extrapolar a un trabajo, a cómo educamos a nuestros hijos, a lo que podemos o no pedir a una pareja o a nuestra cuadrilla.
Observar será, pues, el primer paso.
Categoría: Sabias que...
