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La inflamación: pros, contras y cómo regularla de forma natural

2026-05-11, Sonia Lozano

La inflamación es una capacidad del organismo para proteger una zona previamente dañada, con la característica de que siempre debe estar vascularizada. Por eso es importante respetar sus tiempos: intentar reducirla desde el primer momento va en contra de su naturaleza protectora, aunque incómoda en muchas ocasiones.

Por qué el cuerpo inflama: la función protectora de la inflamación

Pongamos el ejemplo de una torcedura de tobillo donde han quedado dañados ligamentos y tendones, y se produce la inflamación para evitar su rotura. Bajar esa inflamación aplicando hielo lo más probable es que nos permita una pisada que termine por lesionar profundamente estos tejidos.

Cuándo sí hay que actuar: señales que no conviene ignorar

Sin embargo, si fuera del tiempo prudencial se mantiene la inflamación, debemos analizar sus signos clásicos: color, calor, dolor y reducción del movimiento. Si se producen todos, es momento de actuar en los tejidos, no en su síntoma, pues nos advierte de que la naturaleza celular no tiene fortaleza de recuperación porque algo la está frenando.

Causas frecuentes de una inflamación que no remite

Lo primero es identificar el origen de la caída de respuesta, que puede producirse por una falta de absorción linfática o circulatoria, infección de la zona, rotura de tejido o congestión.

Suele acompañarse de un exceso de tóxicos —muchas veces las propias células muertas— que implican la necesidad de depuración del área. Para ello podemos utilizar imanes de tóxicos como el sol, la arcilla y las algas (todo en uso externo si la inflamación es visible).

Plantas y recursos naturales para acompañar el proceso inflamatorio

Plantas con acción astringente y antiinflamatoria

La astringencia ayuda a reducir el exceso de amplitud de membranas y la proliferación excesiva celular. Plantas como el árnica (siempre que la zona no esté abierta) o la caléndula (en caso de que haya herida), el sauce (de cuya corteza se extrae la aspirina), el harpagofito, el ortosifón, la boswellia, la pimienta negra o el cardamomo, ayudan en estos procesos.

Circulación y drenaje linfático: plantas de apoyo

La vascularización del proceso inflamatorio requiere a veces circulatorios de la sangre como la vid roja, la cúrcuma o el jengibre, y en otras ocasiones más de tipo linfático como el fresno o el diente de león.

Alimentación aliada en el proceso inflamatorio

Ácidos grasos para la elasticidad de los tejidos

Los ácidos grasos de las nueces o el aguacate son buenos aliados en la alimentación, ya que aportan elasticidad y fuerza a los tejidos dañados.

La salmuera tradicional para las molestias articulares

Para las inflamaciones articulares, la salmuera de toda la vida es un recurso sencillo y eficaz: mezclar vinagre con un 6% de ácido acético con sal gruesa, empapar un pañuelo de algodón o una venda y envolver la zona hasta que se seque al aire. Si la piel es muy fina, conviene reducir con agua.

Después de la inflamación: equilibrar y reparar los tejidos

Una vez puesto bajo control el proceso inflamatorio, toca equilibrar los tejidos para después repararlos si aún procede. Si no es así, el cuerpo lo encapsula, permitiendo de todas formas la máxima movilidad; aunque muchas veces no es lo que queremos porque nos gusta exigir no pagar por nuestros errores.

La histamina como regulador del proceso interno

El organismo segrega histamina para evitar la debilidad de la zona, tanto aumentando como disminuyendo la inflamación, como medio de regular la seguridad de la zona. El uso de antihistamínicos en alergias, por ejemplo, puede afectar a esta función de seguridad.

Qué nos puede indicar una analítica sobre el proceso inflamatorio

En una analítica es importante relacionar la proteína C reactiva con los neutrófilos, los monocitos o los linfocitos, ya que implican la calidad y el peligro de que esa reacción inflamatoria pueda estar regida por infecciones internas que la serie blanca no ha podido atacar adecuadamente. De esta forma, la equinácea, el tomillo o el jengibre explican su presencia en muchos productos.

Dieta antiinflamatoria: lo que el cuerpo agradece

También es importante la dieta, baja en proinflamatorios como el gluten, el azúcar, las bebidas estimulantes o los fritos (es decir, todo aquello que genere estrés oxidativo), porque vuelven loco al cuerpo, que no sabe al final hacia dónde lo estamos dirigiendo. E incluso el deporte puede estar contraindicado en función de la carga que se haga sobre la zona dañada.

 Los contenidos de este artículo son de naturaleza informativa y no sanitaria. No sustituyen la atención, el diagnóstico ni el tratamiento de un profesional sanitario cualificado.

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