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FISIOLOGÍA DEL EJERCICIO 2.

2024-09-15, ÁLEX HERRERO
No siempre debemos quitar las contracturas musculares. Conocer la fisiología del aparato locomotor es fundamenal para que, tanto masaje como ejercicio sean, realmente, una herramienta de salud.
 
 

¿Cómo funciona la contracción muscular?

            La unidad motora está compuesta por una neurona motora y las fibras musculares inervadas por esa neurona, donde, a más fibras musculares inervadas, habrá menos precisión en el movimiento y, a menos fibras, el movimiento será más preciso. Según es el número de unidades motoras activadas,se gradúa la intensidad de la contracción y la fuerza muscular a través de los neurotransmisores nerviosos, musculares u hormonales, lo que depende del número de neuronas motoras estimuladas y de las fibras musculares de esas unidades motoras.
            Cuando predominan los neurotransmisores de excitación, se produce la contracción; cuando predominan los de inhibición se induce al reposo muscular.
            Esos impulsos inhibidores son importantes para evitar contracciones mantenidas en el tiempo que resultaran dolorosas. Con el entrenamiento, se puede aprender a disminuir la inhibición de la contracción, con lo cual los estímulos de excitación predominan más ampliamente, pero a cambio producen un nivel de oxidación y envejecimiento mayor.
           Entre los factores más importantes están las emociones, las cuales dependen especialmente de los neurotrasmisores hormonales. La respuesta motora acompañante a un ataque de ira es distinta a la que se da en un momento de placidez. El miedo también las modifica y así sucesivamente, porque cualquier alteración del sistema nervioso que afecte a las neuronas motoras o a los neurotransmisores se traducirá en alteraciones en la contracción y la inhibición. 

¿cómo evitar la alteración?

            Las órdenes para el movimiento pueden provenir de varios sitios, que debemos vigilar para identificar el desgaste. Por un lado, tenemos la corteza cerebral, el cerebelo y los centros de la base del cerebro. Esas estructuras envían constantemente estímulos a los músculos en función de la información que reciben del cerebro sobre el estado del mismo y la que le llega desde los órganos de los sentidos. Ante estos estímulos reptidos encontramos en iridología que estas zonas suelen sufrir surcos y rayos solares. Sin embargo, desde reflexología, es más importante valorarlos como encéfalo y relacionarlos directamente con la orden medular. 
            Otra zona a tener en cuenta es la de los receptores articulares, donde implica el movimiento tendinoso, muscular o ligamentoso ya que son los sensores que miden la fuerza de la contracción de los músculos y los tendones y envían los estímulos correspondientes a la corteza cerebral o a la médula en el caso de los ligamentosos para que se produzca la regulación rápidamente.  
            Todo esto tiene, como misión fundamental, proteger las articulaciones de movimientos excesivos que puedan provocar lesiones. Los husos musculares están en los músculos y reflejan los acortamientos o alargamientos que se producen en el resto de la masa. En estos husos hay de dos a doce fibra intrafusales. En ellas están las terminaciones sensoriales primarias y secundarias que registran la extensión de las fibras intrafusales y en el caso de las primarias también registran la velocidad con la que se produce la extensión. Esto se transmite a los centros nerviosos que controlan la contracción muscular mediante las neuronas motoras, que acaban en las placas motoras de las fibras musculares. Por lo tanto, no podemos pensar en trabajar sólo el musculo o, en el caso de los masajistas, liberar tan sólo una contractura: evidentemente, estamos ante un trabajo de equipo, donde las órdenes nerviosas, de las articulaciones implicadas en el movimiento de cada músculo, son fundamentales para conocer su movimiento, fuerza, contracción y cansancio. Quitar una contractura antes de tiempo, puede ser el desencadenante de una lesión articular a largo plazo.
 
            Entre los factores que influyen en la fuerza muscular tenemos el grosor del músculo, el cual depende del entrenamiento, la capacidad de liberación de ATP, la nutrición muscular, la edad muscular (que no del DNI), el ángulo de partida de la articulación al realizar el movimiento (ya que cada articulación, en función de los músculos a ejercitar, tiene un ángulo correcto en el que, la tracción del músculo sobre el hueso donde se inserta, es más efectiva); la longitud del músculo, ya que este se contrae con más fuerza cuando antes de la contracción está en la máxima tensión que es lo que se adquiere cuando está ligeramente más extendido que en su posición de reposo. Aquí utilizamos el número máximo de puentes cruzados para movilizar las fibras de actina que, al acercarse entre sí, producen el acortamiento del  músculo y la contracción muscular subsiguiente, pero ¡ojo!, ya que es el que más debilita la fuerza del ángulo de partida, por lo que puede provocar artritis a largo plazo. Por último, la fuerza de la contracción y la velocidad a la que se produce, son inversamente proporcionales: cuanto más rápida la contracción, menos fuerza será capaz de ejercer el músculo. 

Precalentamiento y calentamiento muscular.

            Otro factor a tener en cuenta es la necesidad de precalentamiento y calentamiento, ya que el calor aumenta tanto la fuerza de contracción, como la velocidad de contracción. Esto es debido a que las enzimas responsables de las reacciones químicas son más activas, ya que las fibras musculares se deslizan mejor entre sí. El calentamiento puede ser pasivo (mediante masajes, calor local y otros medios físicos) o activo, como los ejercicios previos que todos conocemos.
            También la edad, con su potencial de neurotransmisores, es un factor a tener en cuenta, ya que la fuerza muscular va aumentando con la edad alcanzando el máximo grado entre los 25 y 30 años, momento de mayor grado hormonal pero ya coherente. Pero puede ser variable ya que otros transmisores como los nerviosos, por ejemplo, pueden no estar en su punto de  maduración, lo que hace que, con la práctica, se puedan contraer más fibras musculares a la vez en un solo movimiento, lo que puede compensar la pérdida de fuerza que se produce con la edad.
 

 

 
 

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